La inexistencia de la muerte

Un tema de eterna polémica a través de un estremecedor relato verídico recogido por el autor. ¿Puede alguien del mas allá utilizar el cuerpo y la mente de un vivo para retornar a nuestro mundo?. ¿Existe otra dimensión habitada por aquellos que erróneamente creemos muertos? (EL CASO "SURAY") por HECTOR ANTONIO PICCO (ONIFE-CEP Bs, As.) publicado en "Cuarta Dimensión" Nº 131


Periodista: Para quienes no la conocieron, no obstante la vastedad de su militancia en las huestes del estudio y el canto del folklore, ¿cómo podría sintetizarse su `"curriculum"?

Suray: Bueno, que llevo 23 años de carrera. Que empecé como una simple cantante y luego me hice estudiosa del folklore, porque me importa la idiosincrasia del pueblo y me interesa mucho saber quienes somos los argentinos, y porque somos como somos.

P.: ¿Cuántos países visitó llevando su arte?

S.: España, Francia, la URSS, Paraguay y Uruguay.

P.. ¿Qué le sucedió el viernes 13 de Febrero de 1976?

S.: Llegamos en una embajada enviada por la Secretaria de Estado de Cultura a Eduardo Castex (La Pampa). La componíamos Alma García, Gerardo Macchi Falú, Alberto Favier, Dana Roch y yo. Íbamos contratados para actuar en un Festival Artístico dentro del marco de la Fiesta del Trigo, y al llegar al hotel donde nos hospedaríamos la dueña del mismo, que va a jugar un papel muy importante en este caso, me preguntó quienes eran el matrimonio; le dije ;"nosotros" y me señaló la pieza del frente y me dijo:


-Tome ésa, que es la única que tiene baño privado.

Luego fuimos todos a almorzar, y enseguida nos recogimos en nuestras respectivas habitaciones a descansar, porque trabajaríamos en la noche. Yo estaba acostada y hacía muchísimo calor. La ventana de la habitación tenía persiana tul para insectos (mosquitero), vidrio una cortina de "voilé y otra pesada.

En la semipenumbra de pronto vi que se levantaban los cortinados y entró una pierna desnuda a la habitación. Me sobresalté, me senté, me cubrí un poco con la sábana y me di cuenta que mi marido dormía. Yo empecé a sentirme mal. Me levanté y fui con mi termo a pedir agua caliente en la cocina, para tomar unos mates. Y la señora me preguntó. "si tenía hijos", le dije que si, que había alumbrado a cuatro. Con una cara un tanto extraña me preguntó "si yo era feliz con los hijos". Le respondí que sí, que para mí los hijos eran una de las máximas satisfacciones y realizaciones que pueda tener el ser humano, y ella me dijo "que para su vida habían sido todo lo contrario". Me sentí molesta pues comenzó a hablar mal de su propia hija. No veía el momento de retirarme de la cocina. Cuando pude lo hice, regresé a la habitación, cebé unos mates.


 

 -Tome ésa, que es la única que tiene baño privado.

Luego fuimos todos a almorzar, y enseguida nos recogimos en nuestras respectivas habitaciones a descansar, porque trabajaríamos en la noche. Yo estaba acostada y hacía muchísimo calor. La ventana de la habitación tenía persiana tul para insectos (mosquitero), vidrio una cortina de "voilé y otra pesada.

En la semipenumbra de pronto vi que se levantaban los cortinados y entró una pierna desnuda a la habitación. Me sobresalté, me senté, me cubrí un poco con la sábana y me di cuenta que mi marido dormía. Yo empecé a sentirme mal. Me levanté y fui con mi termo a pedir agua caliente en la cocina, para tomar unos mates. Y la señora me preguntó. "si tenía hijos", le dije que si, que había alumbrado a cuatro. Con una cara un tanto extraña me preguntó "si yo era feliz con los hijos". Le respondí que sí, que para mí los hijos eran una de las máximas satisfacciones y realizaciones que pueda tener el ser humano, y ella me dijo "que para su vida habían sido todo lo contrario". Me sentí molesta pues comenzó a hablar mal de su propia hija. No veía el momento de retirarme de la cocina. Cuando pude lo hice, regresé a la habitación, cebé unos mates.

 


Y empecé a sentirme peor: Me descomponía realmente. Me vinieron vómitos. Llegó la hora de vestirnos para la actuación; intenté maquillarme y tuve que recomenzar tres veces, porque a cada instante me volvían los accesos vomitivos. Entonces, para contrarrestar mi malestar, le pedí a la señora si no tenía algún remedio. Me alcanzó unas gotas; las tomé y me fui a actuar. Cuando me llegó el turno subí al escenario y canté con mucha responsabilidad, como siempre lo hago. Yo había pedido, como es mi rutina, que me ayudara mi padre (ya fallecido). Cuando terminé y bajé del escenario, vino a mi encuentro una niña, como de ocho o nueve años, y me llamó la atención que me preguntara: -¿Tú cantaste recién?
Respondí que sí, y ella entonces me dice:

 

-Te reconozco por el vestido, porque tu rostro no era el que tienes ahora... Yo le interrogo, azorada.

 

-¿Y cómo era? Me responde:

 

-Eras morocha. Tenías otra cara. Muy... muy morocha. Te reconozco solamente por el vestido...

 

Bueno. Se acabó la fiesta. Fueron todos a cenar; yo no probé bocado y esa noche "no pegué los ojos" de lo mal que me sentía. Al día siguiente tenían que ir a buscarnos a las once de la mañana para llevarnos al club a recibir las comprobaciones de nuestra actuación, y Alma García me dice, cuando nos reunimos junto a los automóviles:

 

-Qué mal te veo...

 

 Le respondo:
-Sí. Me siento morir.

 

Nos subimos a los vehículos, llegamos al club y yo no podía bajar. Entonces Alma me dio sus manos para ayudarme a descender. Me era imposible caminar. Junto a Dana Rocha me llevaron al "toilette", pues yo les pedí que no me hicieran ir a las oficinas. Llegamos al lugar, que es enorme, porque es un club y me caí al piso. Alma, que quedó sola conmigo, puesto que Dana se había retirado, me dijo:

 

-Suray, por favor, trata de ponerte de pie.

 

Y ahí le grito yo:

 

- ¡NO SOY SURAY!

 

Ella asombrada me pregunta:

 

-¿Por qué te sientes tan mal? ¿Por qué me dices que no eres Suray?

 

- ¡PORQUE NO SOY SURAY!

 

-¿Y- . quién eres? -inquiere extrañada mi compañera.

 

-INÉS- le dije así, muy suelta de cuerpo, porque en ningún momento yo sentí que hubiera perdido el conocimiento, o noción del lugar siquiera. Entonces Alma me dijo.

 

-Vov a buscar a Dana para que me ayude, pero trata de ponerte de pie; mójate la. muñecas. Acércate al lavabo.

 

Bueno, le obedecí. Llené el hueco de mis manos con agua, me mojé la cara. Instintivamente me acerqué al espejo, y realmente VI QUE NO ERA MI CARA, di un alarido, porque me desconocí: Tenía el rostro seco, como si la piel estuviese "pegada" a los huesos y el pelo negro adherido sobre esa epidermis. Cuando me volví a descomponer, Alma me dejó sentada en el suelo y me dijo:

-Volveré a buscar a Dana para que me ayude a llevarte...

Ellas volvieron; yo traté de alzarme y salí del "toilette". Ellas quedaron adentro. Yo les empecé a gritar.

- ¡Salgan! ¡Salgan de ahí, porque van a quedar atrapadas!

Yo, desde el comienzo de la experiencia, les decía que en la habitación HABÍA MUCHÍSIMA OSCURIDAD Y ME MORÍA DE SED.

- ¡Me muero de sed y está todo oscuro! ¡Salgan de ahí porque van a quedar atrapadas! -gritaba desde la puerta, porque veía dentro del "toilette" ramas de árboles que se movían, como si fueran tentáculos. Ellas me hicieron caso. Les solicité que me llevaran al automóvil. No firmé ningún recibo o comprobante. Mientras yo las esperaba en el auto me dije.

-Esto tiene que tener alguna relación con la dueña de la pensión, porque recordé su extraña actitud, y el primer suceso de la pierna desnuda entrando a la habitación Esbocé en mi mente una mentira, Cuando estuve de nuevo frente a ella, le pregunté:

-Señora: Yo soñé anoche que Ud. me presentó una señora o señorita de nombre INÉS. ¿Qué le dice esto?

Y ella, toda sorprendida me responde:

-SE LLAMABA INÉS.

-¿Por qué se llamaba? -inquirí. -Porque es la indiecita que yo crié, y por culpa de la cual perdí el cariño de mi hija. . Murió en el monte, porque cuando fue mayorcita se casó y su marido la llevó al campo, al monte, y ella se dejó morir de hambre y de sed, encerrada en su cuarto, en la oscuridad. El marido la abandonó. Nosotros la hallamos muerta y seca... Se dejó morir embarazada...

Cuando llegó el momento de ir a tomar el tren para el regreso a Buenos Aires, Gerardo Macchi Falú me dijo:

 

-Zurita:. Tienes una cara muy cambiada, no te reconozco...

A medida que avanzábamos hacia la Capital YO IBA CADA TANTO A VERME LA CARA, porque estaba obsesionada. Por suerte, mi rostro iba recobrando su fisonomía. Pero cada vez que me contemplaba en el espejo rezaba un Padrenuestro...

Llegué a mi casa, y durante nueve noches consecutivas encendía una vela, colocaba a su lado una flor y rezaba por Inés, porque pensé que era el alma de ella que estaba en la oscuridad y que necesitaba el ruego de algún ser viviente. Lo curioso de todo esto, como si todavía fuera poco, es que como a tos diez días recibo los recortes de periódicos donde se comentaba nuestra actuación en Eduardo Castex. Me enviaban tres juegos: Uno para mí, y dos para que se los hiciera llegar a Alma García y Gerardo Macchi Falú. Voy a la casa de Alma, sin avisar antes, y me encuentro conque ella tenía una visita: Una señora de Entre Ríos, cuyo nombre no recuerdo. Alma nos presenta, y cuando le tiendo la mano para saludarla, ella da un grito, se toma el rostro con ambas manos y grita: 

 

-¡Es una india! ¡Qué horror! ¡.Es una india! -y cayó desmayada al piso. Y cuando recuperó un poco el conocimiento y yo estaba inclinada sobre ella tratando de reanimarla, abrió sus ojos con terror y continuó gritando:

 

-¡Te dejaste morir! ¡Estabas embarazada de mellizos! ¡ERES UNA, INDIA!

 

Yo me levanté, ni me despedí y. salí corriendo hacia la calle...

 

El relato continúa con las sensaciones personales de Suray con :respecto a la increíble experiencia. La presentamos como un reportaje; no hacía falta el trabajo investigativo. La condición de testigos altamente calificada que, se le puede otorgar a Suray, Alberto Favoer. Dana Roch, Alma García y Gerasdo Macchi Falú nos exime de esa tarea. Lo que importa es poder decir, CIENTÍFICAMENTE hablando: LA MUERTE NO EXISTE. La explicación, más o menos, puede ser ésta: el paquete informativo extracerebral de Inés, con una dilatación psicológica enorme por las condiciones de extremo sufrimiento en el momento de la transición o mutación energética dimensional quedó vagado por ahí, en algún pliegue del espacio-tiempo. Esas moléculas de la memoria hallaron la especial condición receptiva de Blanca Carabajal (Suray). Una dotada, por otras experiencias parapsicológicas que nos cuenta. Tenían que expresar en este plano de las cosas de nuestro mundo todavía algún mensaje de aquella desesperante situación. final. Tal era su fuerza que lograron alterar la composición cárnica del rostro de esta excepcional testigo, para volver a materializarse en este Universo. La metempsicosis era de tal poder, que hasta permitió la lectura telepática de otras personas, ajenas al suceso en sí. INÉS ESTUVO VIVA EN LA MENTE DE SURAY, como continúa estándolo DEL OTRO LADO. Suray nos dice ahora.

 

-Tuve y tengo todavía mucho miedo. Ojalá Inés pueda ahora descansar en paz, y ya no sienta necesidad de "utilizarme" para regresar...

 

 

 

 



La inexistencia de la muerte