de donde vienen las supersticiones?

Martes 13, el gato negro, el espejo que se rompe, o pasar caminando por debajo de la escalera... Son algunas de las supersticiones más temidas. Pero, ¿alguien sabe qué significan y de dónde vienen? Los crédulos prefieren no asumir las consecuencias de sus acciones y así le echan la culpa a la mala suerte.


Si usted cree que no es supersticioso, medite un
segundo qué pasa por su cabeza cuando en el almanaque, el día martes coincide
con la fecha 13: a) no le da ninguna importancia y sigue su rutina a rajatabla,
incluso se casa, se embarca y de su casa se aparta; b) percibe una cierta
intranquilidad y toma recaudos para evitar eventuales desgracias, c) ingiere un
tranquilizante y no se anima a abrir la puerta de su casa ni para levantar el
diario. Si la tercera fue la vencida, pues usted es un supersticioso
recalcitrante, si en cambio se identificó con la opción b, está en el límite de
los crédulos por elección y los culturalmente afectados. Los que se
identificaron con la primera propuesta, echan por tierra las sospechas de
Goethe, para quien la superstición forma parte de la naturaleza y la esencia del
hombre.
Según el Diccionario de la Real Academia, la palabra superstición viene del
latín superstitio, y significa:“una creencia extraña a la fe religiosa y
contraría a la razón”. También se define como una “fe desmedida o valoración
excesiva respecto de algo”. Pero al margen de las enunciados, desde que el
hombre habitó la Tierra, las supersticiones y el pensamiento mágico se
relacionaban con la religión, y todos los pueblos se valían de ellas para
explicar los hechos desconocidos o aquellos que no lograban comprender. Desde la
Antigüedad, tanto los egipcios como los romanos y los griegos, la practicaban de
diferentes maneras mezclada con la magia y la adivinación. Tanto es así, que
muchas de las creencias que aún están arraigadas en nuestra época provienen de
aquellas culturas.
Existen muchas supersticiones y para cada aspecto de la vida, seguramente hay
una, pero las referentes a las bodas son las más populares: que el novio no
tiene que ver el vestido de su prometida antes de la ceremonia, que la mujer
debe llevar algo nuevo, algo usado, algo prestado y además algo azul. También el
Año Nuevo es una fecha de recurrentes mitos. Se dice que hay que comer 12 uvas,
una con cada campanada, y si se quiere hacer un viaje, hay que salir a la puerta
con las valijas hechas justo cuando comienza el año. Las de la buena suerte son
quizás las más famosas: tocar madera, colocar réplicas de sapos o elefantes con
la espalda hacia la puerta, llevar 1 dólar en el monedero, y tener herraduras en
la casa; y las de mal augurio como dejar un sombrero sobre la cama, que le
barran los pies a una mujer, o apoyar la cartera en el piso porque significa que
el dinero se va.
“La gente cree en estas cosas porque es mejor pensar que el otro puede tener la
culpa, es más fácil delegar la responsabilidad de lo que nos sucede”, explica la
Licenciada en Psicología Alicia Díaz Farina, perteneciente a Psicólogos y
Psiquiatras de Buenos Aires. Cuando se le atribuye todo a la mala suerte o a tal
o cual mito, se pierde la implicancia de lo propio y de la consecuencia de los
actos de cada uno.


Las ms respetadas

La que más adeptos tiene alrededor del mundo es la que rodea al número 13. La elección del número no es caprichosa y su origen tiene varias explicaciones en la Historia. La más conocida de ellas se remonta a la época de Cristo y la Ultima Cena, en la que había trece comensales. Pero existe una leyenda anterior a esta. En la Mitología noruega hay un episodio en el que doce dioses celebraban un festín cuando Loki, el espíritu de la discordia, apareció entre ellos y provocó una pelea que terminó con la muerte de Balder, el favorito de todos. Si por azar encima cae martes 13 en el calendario, puede ser fatídico para los que siguen puntualmente estas creencias. Esto se relaciona con la Mitología griega en la que el Dios de la guerra era Marte y, además, es el día regido por el planeta rojo, que significa la destrucción. Ahora, si ustedes se encuentran en Norteamérica, la historia cambia y en vez de martes el de la mala suerte es el viernes. La tradición anglosajona se basa en que Cristo fue sacrificado ese día, y de ahí nació la saga de películas de terror Friday the 13th, que para que los espectadores se interesen en verla, en nuestro país se traduce como Martes 13. A partir de estas historias se creó el dicho martes 13, no te cases ni te embarques, y se ha casi demonizado a este número hasta el punto de que hay muchos hoteles internacionales que omiten el piso decimotercero y saltan directamente del 12 al 14.
Otra idea arraigada en nuestra cultura es la que dice que pasar por debajo de una escalera trae mala suerte, y elimina las posibilidades de casarse durante ese año. En realidad no es ilógico evitar caminar por debajo, ya que algo puede caerse, inclusive la escalera, pero la superstición va más allá de eso. El verdadero origen está relacionado con la figura triangular que forma cuando se apoya contra la pared, lo que se interpreta como la Santísima Trinidad. Irrumpir en ese trío sagrado es de mal augurio. También los egipcios tenían su tesis sobre este elemento, y de ahí que las tumbas se construían en forma de pirámides, ya que esta forma ayudaba a los muertos a hacer su ascensión al cielo. Ya más adelante, en la Europa del siglo XVII, la idea se vio reforzada porque los criminales condenados a la horca eran obligados a pasar por debajo de una escalera antes de ser ajusticiados por sus verdugos.
¡Siete años de desgracia! Es una de las frases que más aterroriza y se pronuncia en todo el hemisferio occidental cuando se rompe un espejo. Si se quiebran dos, serán 14 años, y así se irá sumando sin límite. Entre las explicaciones más antiguas se encuentra la que dice que como el espejo se utilizaba en Grecia para hacer craptomancia, si se rompía significaba la muerte. Además, está relacionado con la idea de que el reflejo que produce es como el alma de quien se mira, y que si la imagen se quiebra, su vida está en riesgo. Por supuesto también tiene una justificación lógica y vinculada con el aspecto económico. Como los primeros espejos fabricados en Venecia, Italia, tenían un baño de plata, eran una mercancía muy cara. Las damas burguesas para cuidar sus valores les decían a sus criadas que si rompían un espejo tendrían 7 años de mala suerte. Así, terror de por medio, se creó el mito, que aún hoy y a pesar de que los espejos son más baratos, sigue calando hondo en la gente.
“Cuanto más supersticioso es un individuo, menos cargo se hace de las responsabilidades que le corresponden”, sostiene Díaz Farina, y agrega que “a mayor ignorancia mayor convicción en esas cosas, la gente menos informada es más supersticiosa”. Inclusive los que no siguen al pie de la letra las instrucciones de cada creencia, tienen presentes algunas de ellas y esto sucede, según Alicia, “porque aunque sea muy en el fondo del corazón alberga la esperanza, de que por ahí, no tiene nada que ver en lo que le sucede”.
Dentro del reino animal hay varias especies a las que se las asocia con la buena o mala suerte. Sin lugar a duda, el que más ha sufrido el desprecio de los supersticiosos es el gato negro. Si bien en el antiguo Egipto eran considerados la reencarnación de los dioses, y venerados por ello, hubo un momento en la historia en el que su fortuna se dio vuelta. Según la leyenda, el emperador chino Lyn Hi Tian tenía sólo una hija, que poseía como mascota a un gato negro. Un día, cuando el animal se escapó, el rey dijo que todos los que viesen pasar al gato negro y no lo atrapasen, serían ahorcados. Como era difícil de capturar, surgió el dicho que cruzarse con el animal era de mala suerte, y tomando al pie de la letra el edicto de su majestad, era mortal.
La última, pero no por ello menos importante es la sal derramada. ¿Cuántas veces al barrer la cocina después de las comidas maldecimos a ese familiar supersticioso? Se dice que si se derrama sal en la mesa hay que tirar un poco por detrás del hombro, pero ¿de dónde viene esa idea? Su origen tiene varias raíces y la más antigua está vinculada con el aspecto económico: en la Antigüedad, este mineral era utilizado como moneda de cambio. También el episodio de la Ultima Cena está presente aquí, ya que se dice que durante ese evento Jesús dejó caer el salero sobre la mesa. De ahí el dicho “quién involuntariamente tire el salero, derramará tantas lágrimas como granos de sal hayan caído sobre la mesa”.
“Nada tiene de malo ser supersticioso, siempre que esto no se transforme en un obstáculo para la vida cotidiana. Cuando una persona se niega a salir de su casa un martes 13, la línea entre superstición y fobia pierde nitidez y podemos estar frente a una patología. También, eludir responsabilidades de nuestras actos no nos deja la posibilidad de resolver los problemas propios”, concluye Díaz Farina. A mitad de camino entre el escepticismo y una cierta prudencia, está tomarlo como un juego, “no creo, pero por las dudas...”. Pero cuidado, porque también están los que creen que ser supersticioso trae mala suerte


En otros pases

Muchas supersticiones no tienen límites ni fronteras, pero hay otras que son casi exclusivas de algunos países. En Estados Unidos, besarse debajo del muérdago la noche de Navidad, asegura que el amor perdure en una pareja. Esta creencia se remonta a la cultura celta, en la que se pensaba que esta planta tenía poderes mágicos. Se dice que Balder, el dios de la paz, fue asesinado con una flecha de muérdago, y los demás dioses conmovidos por el llanto de su amada, le devolvieron la vida para que se quieran eternamente. Otra superstición, pero de Europa, es la que asegura que el amarillo está prohibido en el teatro por ser de mal augurio. Se dice que el gran actor Moliere murió vestido de ese color luego de representar una obra, y desde entonces es un tabú sobre las tablas. Brasil también es conocido por ser un país con muchas creencias, y una de las más populares es la que recomienda vestirse de blanco para recibir el Año Nuevo limpio y renovado. También se acostumbra, esa noche, saltar 12 olas seguidas y por cada una pedirle un deseo a Jemanja, la diosa del mar, que lo cumplirá.


Al lmite

Hay varias supersticiones que son realmente insólitas y rozan el costado ilógico. En algunos pueblos de Galicia, se creía que durante la noche de bodas, el que apagaba la luz de la habitación a la hora de dormir, moriría antes que su compañero. En Egipto, los escarabajos eran adorados y se los consideraba insectos curativos y de buena suerte. Por esta razón, pisar a uno de estos animales es de mal augurio y puede causar lluvias y tormentas. Se cree que otra señal relacionada con los cambios de clima es cuando algún petrel o gaviota sobrevuela una embarcación en altamar. Esta idea viene de la época de la navegación a vela, en la que se creía que los marineros muertos reencarnaban en estas aves.

Por Leticia Correa
Fuente: http://www.revistanueva.com.ar



de donde vienen las supersticiones?